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Los adolescentes, el deporte y la actividad física

El ejercicio regular es beneficioso a todas las edades. Da vigor, fortalece el corazón, mejora el tono muscular y además produce un efecto antidepresivo al elevar en el organismo las endorfinas que actúan a nivel cerebral.

A su vez, el deporte desarrolla hábitos que potencialmente duran toda la vida y enseña a competir, ganar, perder y ser miembros de un equipo, por lo cual debe estimularse a los adolescentes en formación a que participen en actividades físicas y que lo hagan lo más precozmente posible.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que cuando aparece la pubertad y el correspondiente “estirón” de crecimiento hay que ser muy cuidadosos en la exigencia de los músculos, huesos y articulaciones ya que están en pleno desarrollo, y los deportes que se eligen.

El adolescente tiene que someterse a un minucioso examen físico y determinar en qué período del crecimiento está. Al no tener en cuenta esta premisa, entrenamientos exagerados o inadecuados pueden producir fácilmente esguinces articulares, desgarros musculares, desvíos de columna e incluso fracturas.

En términos generales este “peligro” ya disminuye a partir de los 15 años en las mujeres y 16 en los varones.

Este consejo es válido también y sobre todo para el ejercicio con pesas al cual son tan proclives los adolescentes varones con pubertades retrasadas para adquirir rápidamente “masa muscular”, y en oportunidades lo que es más grave aún, con ayuda de anabólicos. Estos además de producir un crecimiento muscular dismórfico, producen acné e inhiben el funcionamiento testicular, vital en este etapa del adolescente.
Debe recordarse además que toda actividad física debe acompañarse de una adecuada nutrición compensatoria y bien balanceada. Normalmente un adolescente en crecimiento debe ingerir no menos de 2000 calorías por día a lo cual habría que agregarle, con ayuda de la nutricionista, lo que gasta durante el ejercicio.

Tan importante como la alimentación es la adecuada hidratación que debe estar en relación al nivel de sudoración que produce la actividad seleccionada. Se recomienda ingerir agua o jugos con minerales previamente a la misma y luego cada 30 minutos aunque no se tenga la sensación de sed, que ocurre recién cuando ya se perdió mucho líquido. Se recomienda también no iniciar el ejercicio con el estómago vacío ya que rápidamente se puede producir hipoglucemia y perder el conocimiento. Ingerir previamente una buena porción de hidratos de carbono es lo ideal.

Con respecto al deporte y la adolescencia, una última reflexión. En esta sociedad hedonista de ganadores y triunfadores en que nos ha tocado vivir, en donde se premia únicamente al que se destaca y se desprecia al que pierde es lógico que los adolescentes tengan una peculiar idea de lo que representa el éxito deportivo. Es el dilema en que se mueve el actual ciudadano occidental entre “tener” y “ser”.

De tal manera que el triunfo a una edad prematura tiene sus riesgos y puede lanzar al joven en una competitividad malsana, con entrenamientos rigurosos y que le absorban una cantidad de tiempo que es restado a su capacitación,

Lo lamentable es que a menudo son los propios padres los que exigen a los hijos esta actividad de “ganar” o no “ser nada”. Por ejemplo, al regresar de una actividad deportiva del colegio preguntarle “¿Has ganado?” en vez de “¿Te has divertido? ¿Has jugado mejor que la semana anterior?”

De tal manera que el adolescente tiene que entender que la auténtica demanda no radica en ser el mejor sino en hacerlo lo mejor posible           

 

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