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Cómo daña el distress el cuerpo y la mente

Desde que el hombre es hombre sabemos que la “mente enferma al cuerpo” y el clásico aforismo griego “mens sana in corpore sano” tiene hoy más vigencia que nunca.

Nuestro cuerpo, como una verdadera máquina, necesita ser “coordinado” y recibir órdenes adecuadas del cerebro para su correcto funcionamiento, pero a su vez también es necesario que el cuerpo emita señales a dicho cerebro de un normal estado de salud para lograr esa deseada sensación de “bienestar y paz interior”. Se conforma así una unidad indisoluble y de estricto equilibrio
mente-cuerpo que se retroalimentan y la falla de uno puede enfermar al otro. Este concepto que hoy nos parece lógico y claro, hasta hace no mucho tiempo era considerado un territorio oscuro mejor dejado en manos de los psiquiatras. Sin embargo, en la última década los investigadores demostraron que el estrés psicológico puede aumentar la vulnerabilidad a las enfermedades y han empezado a comprender cómo puede ocurrir tal cosa.

El stress en cantidades moderadas es beneficioso y necesario para enfrentar las exigencias de la vida diaria (presentar un examen, evitar un accidente inesperado, huir de un ladrón, etc.) y para ello se activan y movilizan en forma coordinada el aparato cardiovascular, el sistema inmunológico, las glándulas endocrinas  y las regiones cerebrales involucradas en la emoción y la memoria, en cambio las funciones no esenciales para ese momento (la digestión y la reproducción)  son detenidas y pospuestas. Superada la situación el organismo vuelve a la calma por otro complejo juego de ajustes, siempre coordinados por el cerebro. Este proceso es esencial par la supervivencia.

Pero si este stress persiste demasiado tiempo o es muy severo (distress) los mecanismos protectores normales se sobrecargan y al funcionar inadecuadamente en forma crónica pueden dañar al propio cuerpo. Se alteran el sistema nervioso (ansiedad, agresividad, insomnio, pérdida de la memoria), inmunológico (menos defensas y mayor tendencia a las infecciones, inicio del crecimiento de tumores), cardiovascular (hipertensión arterial, infarto), endocrinológico (alteraciones del ciclo menstrual, infertilidad, pérdida del deseo sexual, obesidad o anorexia).

Estos conceptos, si bien muchos médicos con formación unicista ya lo intuían, hoy conocemos las bases biológicas y orgánicas que lo producen. Por lo tanto no podemos más hablar separadamente de enfermedades orgánicas y psíquicas. Unas influyen en las otras y viceversa,. De tal manera que hoy día los pacientes deben ser abordados por los profesionales en forma integral y así es la filosofía del trabajo que hemos organizado en el CIM, donde un equipo multidisciplinario dedicado específicamente a la mujer y su familia está dispuesto a escucharla y solucionarle su problema integralmente y no solo el síntoma por el cual concurre.

 

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