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Nuestro cuerpo debemos cuidarlo como un automotor…
con la diferencia que ¡no podemos comprar otro!!

El clásico aforismo griego “mens sana in corpore sano” tiene hoy más vigencia que nunca porque ahora ya conocemos las bases biológicas para que esto ocurra. El estado de salud normal de nuestro cuerpo lo procesa el  cerebro y contribuye en gran medida a lograr esa sensación de “bienestar” que tanto anhelamos, pero que sin embargo mucho nos cuesta lograr por falta de método y conocimiento.

Salvando las distancias, si comparamos a nuestro cuerpo con un auto con su carrocería, motor, sistema rodante y sistema eléctrico se nos hará más fácil entender qué es lo que necesita para funcionar correctamente y por muchos años. Si sabemos de antemano que ese auto que una vez “compramos” es para toda la vida y nunca lo podemos cambiar, más que algunas “piezas”, bien que lo cuidaríamos y haríamos muy prolijamente y en forma completa todos los correspondientes services.

Cada década de la vida, desde los 10 hasta los 90 años, debemos “parar” el auto, observar cómo se encuentra hacerle un buen chequeo y prepararlo integralmente para los próximos 10.000 km.

En varios sectores de esta página encontrará comentarios y consejos profesionales para enfrentar con salud las diferentes etapas de la vida, pero hay un “service” especial e importante que es el de los 50.000 km.  (50 años). Tanto para la mujer como para el hombre, ya que aquí se produce un trascendente recambio hormonal.

Felizmente hoy las expectativas generales de vida en nuestro país se han prolongado al igual que en el resto del mundo, y el promedio para el hombre cae cercano a los 70 años y en la mujer 75 pero todos hemos observado hombres y mujeres de 85 años o más que están espléndidos y gozando aún de la vida y de los que lo rodean.

¿Quiénes llegan así? ¿De qué depende? Obviamente de la calidad del “auto” que compramos (genes) pero también de cómo lo hemos cuidado y atendido durante toda la vida. Si no lo hemos hecho bien y por el contrario lo pusimos a andar en la “ruta” a 180 km por hora sin cambio periódico de filtros, aceite y gomas es probable que llegue a los 60.000 km “fundido” (si no nos estrellamos antes) y se venda finalmente como chatarra.

Dentro de este contexto, el service de los 50.000 km adquiere gran importancia porque de él dependerá cómo programemos los próximos 35.000. Trataremos de explicarlo y para hacerlo metódico e integral lo separaremos por partes.

A) Carrocería:
incluye piel, huesos y articulaciones. Para revisarla podemos perdile ayuda a la dermatóloga (Dra. Rodríguez Costa), cosmetóloga (Marlene Acosta) y el cirujano plástico (Dr. Piqué) quienes nos diagnosticarán qué tipo de piel tenemos y cómo está actualmente y qué debemos hacer de aquí en más con ella para que la “pintura” del auto siga luciendo bien por muchos años más. Existen hoy tratamientos excelentes, inocuos e incruentos que no podemos desperdiciar.

A su vez, los ginecólogos del CIM indicarán una densitometría ósea para evaluar el estado de los huesos y su concentración de calcio. De esta manera, evitaremos a tiempo posibles fracturas o deformidades óseas implementando oportunas medidas correctoras.

Finalmente nuestro clínico (Dr. Di Laudadio) puede completarle el estudio solicitando una placa de las principales articulaciones (cadera y columna) para detectar incipientes alteraciones del cartílago (artrosis) que nos puedan limitar la marcha el día de mañana por dolor o contractura.

B) Sistema rodante:
se refiere a la masa muscular en relación al peso que debe transportar. Este punto es clave porque si el auto está sobrecargado de peso vamos a dañar el motor del mismo (corazón) más rápidamente por el esfuerzo extra que deberá hacer más el daño directo de la carrocería (huesos y articulaciones).
Para saber nuestro peso normal mediremos el índice de masa corporal (IMC) que es el peso divido la altura al cuadrado, y si pasa de 25 nos conviene consultar con la médica nutricionista (Dra. Sverdlick) para que rápidamente inicie un programa integral de cambios de hábito y de nuestra forma de alimentarnos. Pero no solo importa el peso sino también la relación masa grasa (tejido adiposo) con la masa magra (tejido muscular) que debe ser proporcionada. Para ello mediremos sencillamente nuestra cintura a nivel del ombligo y si supera los 90 cm significa que hay un exceso de grasa “central” intrabdominal acumulada que deberemos eliminar también con la ayuda de la Dra. Sverdlick o el Dr. Piqué, por la negativa repercusión cardiovascular (motor) que puede ocasionar.

Finalmente el médico palpará el estado de nuestros músculos en posición relajada y contraída para indicar si es necesario un fortalecimiento de los mismos mediante adecuada gimnasia y ejercicios con pesas controlados. La mujer cree que ocuparse de los músculos es tarea solo de hombres, sin embargo es vital para ella tener una buena masa muscular no solo para protección de sus huesos y articulaciones sino que esto la ayuda a adquirir una buena postura y figura, a mantener el peso adecuado (el músculo quema más calorías que la grasa) y sentirse ágil y “liviana”. Queda claro entonces que para conservar un buen “sistema rodante” no queda otra alternativa que empezar, si aún no lo ha hecho, con un buen programa asistido de actividad física integral en un gimnasio apropiado y lo más cerca de casa posible (ver en otra parte de esta página más detalles de este tema y el uso de complementos vitamínicos).

C) Motor:
entendemos por “motor” el aparato cardiovascular que se encargará  nada menos que de llevar la vital sangre a todos los órganos de nuestro cuerpo ¡cómo no cuidarlo! Hipertensión arterial, arterias esclerosadas e infarto de miocardio son patologías comunes que empiezan a aparecer con mayor frecuencia en la mujer justamente a partir de los 50 años y es la causa principal de muerte e invalidez en la tercera edad. Todos los consejos que hemos impartido para cuidar el “sistema rodante” actuarán en forma favorable indirectamente también sobre nuestro “motor”.
Repasemos:

  • Índice de masa corporal
  • Diámetro de cintura menor a 90
  • Alimentción equilibrada
  • Actividad física programada

A esto debemos agregar el cuidado de mantener niveles normales en sangre del colesterol y los triglicéridos, grasas que si bien son necesarias para nuestro metabolismo, en exceso pueden depositarse en la pared de las arterias e ir obstruyéndolas en forma silenciosa y peligrosa desgastando así anticipadamente la vitalidad del corazón.
Por ello los médicos del CIM le solicitarán anualmente la determinación de las “grasas” en sangre (lípidos) para detectar así precozmente las indeseables dislipemias y consignarlo en su historia clínica personalizada.

También son elementos negativos para nuestro “motor” la vida sedentaria (el auto mucho tiempo “parado”) y el consumo de tabaco. Ambos pueden terminar de dañar nuestras arterias y envejecer así prematuramente todos los otros órganos por falta adecuada de oxígeno a los tejidos que deben transportar los glóbulos rojos a través de la sangre. Debemos tenerlo en cuenta.

D) Sistema eléctrico:
su equivalente en nuestro cuerpo corresponde al sistema nervioso central (cerebro) y los nervios periféricos. Obviamente que ninguno de los sistemas que hemos explicado funcionará adecuadamente in una normal conducción eléctrica que los mueva coordinadamente.

El cerebro (nada menos que la computadora del auto) recibe permanentemente la información del exterior que nos rodea y la interna que le envían permanentemente nuestros diferentes órganos y sus necesidades. Procesa todos estos datos y envía rápidas respuestas a través de los nervios periféricos a los diferentes sistemas incluyendo las glándulas endocrinas (hormonas) y el sistema inmunológico (defensas). Es por lo tanto un gran coordinador de funciones y las respuestas que emitirá serán correctas o inadecuadas de acuerdo a su estado de salud y a sus experiencias pasadas. Por eso debemos incluir en este importante “service”, si aún no lo hemos hecho, el revisar nuestro estado psíquico y para ello, en términos futbolísticos, debemos “parar la pelota y mirar la cancha” antes de seguir jugando el partido.

Preguntas:

  • ¿Cómo estoy con mis afectos?
  • ¿Me siento a gusto en mi trabajo?
  • ¿Mis proyectos se están cumpliendo?
  • ¿Me siento bien al levantarme o extremadamente cansado?
  • ¿Tengo insomnio por preocupaciones excesivas?
  • ¿Perdí el deseo y rendimiento sexual?

Estas y muchas otras preguntas que nos podremos hacer al detenernos nos servirán para evaluar la necesidad de la ayuda profesional especializada con el fin de revisar lo que hicimos, lo que estamos haciendo y sobre todo lo que vamos a hacer con nuestras vidas.

En el CIM hemos previsto estas comunes situaciones y nuestra médica Psiquiatra  y Psicoanalista (Dra. Ukaski) se ocupa, entre otras funciones terapéuticas, de ayudarnos a solucionar las hoy llamadas crisis vitales que indefectiblemente debemos afrontar pero que muchas veces no se superan.

El no hacerlo oportunamente porque pensamos un poco omnipotentemente que todo lo podemos solucionar solos, nos llevará con mucha probabilidad a un distress crónico  que a su vez producirá respuestas inadecuadas del cerebro ante las múltiples necesidades externas e internas que requiere permanentemente nuestro cuerpo, produciéndose así las diferentes enfermedades que justamente queremos evitar y especialmente la frecuente depresión (“agotamiento” cerebral).

De esta manera cerramos el concepto de integralidad que quisimos explicar muy simplemente y que se resume en la ecuación funcional mente-cuerpo.

Los profesionales del CIM imbuidos y capacitados en esta forma de entender la medicina estamos a su disposición para ayudarla a Usted y su familia a lograr el mayor bienestar posible y que pueda así disfrutar la vida como se merece.

 

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